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Mostrando entradas de mayo, 2012

Los veraneos de mi infancia

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Los veraneos infantiles de mi época se diferenciaban por el distinto sabor del agua del baño, que podía ser la saludable salinidad marina que impregnaba nuestra piel, o bien el agua clorada de las piscinas en los veraneos del interior, o de montaña, como entonces se decía. Las familias barcelonesas pudientes, como era la mía, repartían su largo verano de tres meses (¿todavía existen?) entre el mar y la montaña, pues los médicos familiares así lo aconsejaban, para disfrutar de las virtudes de ambos entornos.Los veraneos playeros eran más excitantes y ninguna piscina podía competir con su poderío neptúnico, pero las piscinas municipales o las muy incipientes piscinas particulares facilitaban una mayor promiscuidad entre los niños y las niñas. Como siempre el sexo, reprimido e innombrado, prescindía turbadoramente las vacaciones infantiles veraniegas. Creo que esto no ha cambiado demasiado, pero ahora se ha hecho, venturosamente, mucho más explícito.
Los grandes acontecimientos externos p…

Huyendo de la soledad

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El ascensor es una jaula que durante años llevó a otra. Rechina renqueante hasta el tercero en el que Rosa Codina decidió languidecer cautiva, llevada por la inercia plomiza con la que castiga la viudedad. Esa que engarza los días para convertirlos en el mismo, acaba fundiendo las semanas y aboca al sinsentido.
Santiago está presente en la librería, que roza el techo altivo de este piso asentado en la Gràcia que linda con el Guinardó. Lo está a través de ese tomo de título La batalla del Ebro que narra su historia misma, su castigo en el frente con 17 años como miembro de la leva del biberón y su regreso a Barcelona previo paso por dos campos de concentración para compartir una vida austera con la Señorita Francis del Camp d'en Grassot, dueña de la mercería que más consejos dispensó en el barrio durante 33 años. Mujer robusta que hincó la rodilla en la convalecencia del luto 17 inviernos atrás.
Cuenta Rosa que hubo días, muchos, en los que la dignidad hacia una misma pasaba únicamen…