17 enero 2016

Los chismosos en el trabajo

Olvídese de los comentarios en la máquina de café o de aquellos procedentes de los empleados que se jactan de tener información de primera mano. Si esas son las únicas vías para saber qué está sucediendo en su trabajo, primero, nunca sabrá realmente lo que pasa y, segundo, algo no funciona bien en su empresa. 

Los chismes nunca son buenos y, si se adueñan de un ambiente laboral, pueden llegar a ser nefastos para una organización. Decir las cosas claras y por las vías adecuadas caracteriza a las compañías transparentes, algo de lo que no pueden presumir aquellas que fomentan el cotilleo.

Según David Comí, socio director de Incrementis, una de las mejores opciones para huir de la rumorología y gestionar la comunicación en las organizaciones es «informar de manera que el receptor entienda y comprenda lo que se está diciendo. Eso es totalmente diferente a ser muy transparente. El equilibrio se alcanzará cuando el emisor haga el esfuerzo de adecuar el mensaje con hechos y acciones en el entorno laboral».

El escenario en el que se mueven los profesionales es complejo -a la incertidumbre laboral se suma el temor a perder el puesto de trabajo-, y si además los jefes y los mandos no son francos con sus empleados, las cosas se complican aún más. «Ellos tienen que dar ejemplo. Los directivos intermedios suelen ser los más reacios a la comunicación, pero su papel es fundamental en la creación de una empresa transparente», explica Pilar Jericó, directora general y socia de Be-Up, quien apunta tres recomendaciones para que la información fluya en la empresa:

Trate a los profesionales como adultos. A menudo se oculta información por temor al qué dirán, lo que esconde una actitud paternalista que no beneficia a nadie. Los psicólogos afirman que las personas son inforvívoros, es decir, necesitan la información como el respirar. Y si ésta no existe, se inventa en los pasillos y en las máquinas de café.

Comunique a través de todos los canales, pero sin olvidar las conversaciones cara a cara. La tecnología ofrece la ventaja de llevar una información a todos los niveles sin ser interpretada. Las personas necesitan comentar las cosas importantes. Un email no garantiza que se haya interiorizado.

Fomente la colaboración entre los equipos y comparte la información de lo que cada uno hace. A veces, los conflictos surgen por falta de conocimiento e interpretación.

Una de las virtudes de un entorno transparente es que genera un ambiente laboral sano. Comí recuerda que «comunicar no debe ser un objetivo ni una moda, sino un medio para comprometer, ilusionar e implicar a las personas en el proyecto empresarial. Si circula la no comunicación, la no transparencia o una información sesgada unilateralmente, crecerá la desconfianza y un clima no adecuado».

Estas consecuencias que apunta el socio director de Incrementis son realmente nocivas para la empresa, e impactan de manera muy negativa sobre la productividad del empleado: tiene su cabeza en lo que se rumorea en vez de en sus labores.

El comité de dirección y los directores son los que realmente pueden convertir la comunicación en una herramienta para gestionar personas. Su actitud es la mejor opciones para acabar con el terror que reina en muchas empresas, en las que se transmite una información sesgada: los empleados no pueden sobrevivir en un ambiente de rumores.

No obstante, estos expertos justifican el silencio en la empresa, si con ello se evitan problemas mayores. «Un exceso de transparencia puede ser negativo cuando se trata de información sensible para la competencia, o si las personas interpretan falta de equidad interna, por ejemplo, en salarios o determinados reconocimientos», apunta Comí. Pero reconoce que «en empresas maduras, esto último podría resolverse».

Jericó también señala que no comunicar puede estar justificado en el caso de decisiones estratégicas «que no interesa que la competencia sepa o si la empresa va a realizar una inversión en nuevos negocios o productos. Sin embargo, este tipo de informaciones son las menos habituales».

Corre como la pólvora en muchas organizaciones y si no se gestiona de forma adecuada puede provocar más de un problema. Los rumores sobre despidos o fusiones empresariales son un auténtico veneno para la productividad. La dirección es la única que puede atajarlos practicando una comunicación eficaz.

Uno de los aspectos que trae de cabeza a los emprendedores es la gestión de personas. Tener una idea, buscar la financiación e incluso los pasos previos al lanzamiento del negocio son un camino de rosas si se compara con contratar, enseñar y trabajar con profesionales que saquen adelante su empresa. Tras la ilusión inicial que supone la puesta en marcha de un nuevo negocio, estos empleados experimentan cierto escepticismo ante la novedad de un producto que no saben si realmente funcionará en el mercado. Las conversaciones sobre la marcha de la organización y el futuro de su empleo son entonces inevitables. Sin embargo, el emprendedor (ahora jefe) puede utilizar en su favor esta situación.

El rumor cero es inevitable. Aprenda a convivir con ello sin darle importancia. Si hace lo contrario, se arriesga a que el chisme se vuelva en su contra. A menudo, un cotilleo bien utilizado puede traer consecuencias positivas para su organización, sobre todo si está relacionado con alguna idea que es posible que dé la vuelta de tuerca que necesita su negocio.

No desprecie tampoco la labor de los líderes natos. Es muy sencillo localizarlos: siempre están en el centro de todas las conversaciones y su opinión se tiene muy en cuenta. Procure tener a estas estrellas de la comunicación de su lado, le serán muy útiles para reforzar el impacto de un mensaje.

Sin embargo, apostar por esta comunicación informal implica unos riesgos si no controla los cauces. No se trata de espiar cómo actúan sus empleados, sino de implicarse en su trabajo y detectar las posibles fisuras que pueden minar un buen ambiente laboral. Aproveche las ventajas de contar con una plantilla reducida para ser uno más.

Si hay alguien que puede desvirtuar cualquier información laboral, ya sea buena o mala, esos son los empleados cotillas que intoxican las bondades de una información transparente. Paco Muro, presidente ejecutivo de Otto Walter, ofrece su decálogo para garantizar una comunicación interna nefasta:

1. Cuando haya cambios importantes no los traslade con prontitud a los mandos intermedios y a la red comercial. Así les llegará a todos la noticia tarde y desde fuera, y les dejará perplejos y en evidencia.

2. Utilice a menudo el «yo ya lo dije» como término autoexculpatorio que ponga de manifiesto que el problema de comunicación no es tuyo, sino de «esa panda de torpes que no se enteran de nada».

3. Confíe a la telepatía tu comunicación. Limítese a lanzar mensajes sueltos e incoherentes.

4. Mande siempre emails con «copia a» todos. Nadie leerá sus comunicados hartos de que les envíe información inútil. Luego podrá pillarles cuando no hayan leído eso que sí era importante.

5. Deje que sea Radio Macuto el primer informador. Tiene la virtud de decorar la realidad hasta hacerla irreconocible dando rienda suelta a la imaginación en negativo.

6. Haga las reuniones del departamento tediosas, largas y aburridas. Llénelas de temas, los máximos posibles, y mezcla lo importante con lo trivial.

7. En sus convenciones reparta mucha leña. Deben ser «destroza moral», cañeras y sobre todo aburridas. Nada de objetivos claros ni intervenciones dirigidas a un mensaje clave.

8. Aproveche cada ocasión para anunciar al equipo que un alto cargo acudirá a la próxima reunión, y llegado el día les da plantón con el consabido: «El director general dice que le disculpéis porque no podrá acudir». Atención al matiz: no decir «se disculpa», sino que «ordena que le disculpen».

9. Abuse de forma sibilina del email y los SMS para trasladar lo urgente y para comentar trabajos realizados o pendientes.

10. No concrete nunca. Así garantiza la máxima dispersión, nadie se compromete a nada y usted podrá acusarles de todo.

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