06 julio 2014

Jonathan Richman el mejor trovador

Necesitamos un trovador para que cuente esto. Para que tome nota y lo transforme en una canción bonita. Un trovador bueno y de los nuestros. Necesito a Jonathan Richman. Me he despertado pensando en él y con urgencia sé que sólo con su voz todo este resumen podría ser más amable. Alguien a quien al cantar le ocurra lo mismo que he vivido este fin de semana. Alguien que sepa de la importancia de todo lo que sucedió a nuestro alrededor.

Me he pasado los tres días enteros con ese brillo en los ojos, yo y muchos de los que estaban cerca. ¿Eh, Joan? Vibra el móvil y César me manda una broma preciosa, sencilla. «Te he visto bailando encima de uno de esos altavoces». Acabábamos de ver They Call it Acid en el In-Edit, una película que narra la revolución del acid. Puede que no estuviéramos en esos altavoces, pero estuvimos en otros, puede que no viajáramos en Vauxhalls, puede que no fueran esos prados, puede que nos llegara un pelín tarde. 

Pero me brillaron los ojos al recordar sensaciones similares, embutidos en coches de la Fasa-Renault camino de alguna discoteca perdida. Jonathan sabe de qué hablo, es nostalgia pero no quiero que sea una carga, quiero que sea legado, historia, vida, la nuestra. La misma que tiene su punto álgido en ese momento que alguien todo mala educación e infortunio no atiende a callar cuando toca sólo escuchar, cuando en el escenario se rinde todo el amor a quien no está.

Puede que tengamos esa tendencia a volcar sobre canciones de momentos concretos todos nuestros sentidos. Ya sé que es nostalgia de nuevo, no me importa. Juro que todos los de mi alrededor tenían brillo, mucho, en los ojos. Y no sólo era por Pedro San Martín, era por muchos más, de nombres conocidos y risas hoy ya apagadas. Los que más contenían y se mordían los labios para no gritar, su cuadrilla. Dani Cantó acertó: «Todos pensamos en alguien en estos momentos».

La madera del Apolo filtró y guardó solitarias lágrimas. Y el brillo de ojos nos acompañó hasta la medianoche del domingo, cuando encontramos trovador. Todo cuadró, ese alguien que recogiera nuestros pedazos, los mimara, los ordenara y los dispusiera sobre melodía. Juro que a todo el mundo le pasó, pero más a los que estaban encima del escenario con Juli. Juli Bustamante. Daban gracias a base de redobles, acordes y bajos sublimes. Al sur del corazón encontramos refugio para ese brillo de ojos que nos acompañó. Acorde final. Chin pum.  

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